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lunes, 1 de noviembre de 2010

La vejez es como una cuenta bancaria: Tú retiras al final lo que has depositado durante toda tu vida

01/11/2010

Un hombre de 92 años, bajo, muy bien vestido, quien cuidaba mucho su apariencia, se está cambiando a una casa de ancianos hoy. Su esposa de 70 años murió recién y él se vio obligado a dejar su hogar. Después de esperar varias horas en la recepción, gentilmente sonríe cuando le dicen que su cuarto está listo.

Conforme camina lentamente al ascensor, usando su bastón, el empleado le describe su cuarto, incluyendo la hoja de papel que sirve como cortina en la ventana.

“Me gusta mucho”, dijo, con el entusiasmo de un niño de 8 años que ha recibido una nueva mascota.

“Señor, usted aún no ha visto su cuarto, espere un momento, ya casi llegamos”.

“Eso no tiene nada que ver”, contesta. “La felicidad yo la elijo por adelantado. Si me gusta o no el cuarto no depende del mobiliario o la decoración, sino de cómo yo decido verlo. Ya está decidido en mi mente que me gusta mi cuarto. Es una decisión que tomo cada mañana cuando me levanto. Yo puedo escoger: Puedo pasar mi día en cama enumerando todas las dificultades que tengo con las partes de mi cuerpo que no funcionan bien, o puedo levantarme y dar gracias al cielo por aquellas partes que todavía trabajan bien.”

“Cada día es un regalo, y mientras yo pueda abrir mis ojos, me enfocaré en el nuevo día, y todos los recuerdos felices que he construido durante mi vida”.

La vejez es como una cuenta bancaria: Tú retiras al final lo que has depositado durante toda tu vida.



Así que tratemos de depositar toda la felicidad que tengamos en nuestra cuenta bancaria de recuerdos.

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